28 DE NOVIEMBRE: EL SEÑOR BLEIDS

Hombre de profundas contradicciones y fuertes sentimientos, Rubén Blades se convirtió, desde el mismo momento en que grabó sus primeras canciones, a mediados de los setentas, en uno de los más importantes compositores y cantantes de América Latina, y a no dudarlo, en el más influyente de toda la experiencia de la diáspora latina en Estados Unidos. Su personalidad es la de un hombre que quiere abarcarlo todo: en la música, no contento con su sensacional paso por la Salsa, intentó hacer fusión con el Rock, con la música celta, con el Flamenco; coqueteó con el Pop, el bolero y la balada, y todos resultaron mediocres híbridos. Fascinado con su estatus de super-estrella de la música de América Latina, intentó involucrarse en la política. En 1994 fundó un partido político –hibrido también entre ecologismo y socialdemocracia– y en las elecciones de ese año en su país, Panamá, fue derrotado sin atenuantes. De igual forma, tomando ventaja de su popularidad e innegable capacidad histriónica, se hizo actor en Hollywood, pero no pasó de ser personaje secundario de películas medianas –con alguna excepción, donde fue protagonista o actuó en alguna película decente–.

En otro incomprensible acto de megalomanía, Blades tomó un postgrado, en 1985, en la Universidad de Harvard, en derecho internacional. ¿Para qué lo hizo? ¿Dejaría la Salsa para dedicarse a mediar conflictos internacionales? ¿Quería refrendar su condición de “intelectual” de la música con un título de ese calibre? Para ese entonces ya la reputación de Blades era dual: era, sí, el campeón de la “Salsa social”, de la “música de compromiso”, pero por otro lado se empeñaba en gustar en los Estados Unidos y pronunciar su nombre en inglés. Como el título de uno de los filmes que protagonizó en aquella época (foto), su sueño era que su música se transforme en éxito en la Norteamérica caucásica.

Blades vio de cerca como su país –creado por meros intereses económicos de Estados Unidos sobre el Canal– acribillaba a sus compañeros estudiantes de la Universidad Nacional en las protestas de 1964. De allí nace una supuesta aversión suya por la política exterior norteamericana, plasmada en temas –brillantes– como “Tiburón” o “El Padre Antonio y su monaguillo Andrés”. Pero tan pronto tuvo la oportunidad, migró, como tantos otros, a Miami primero y a Nueva York después. Ya en las épocas de celebridad Blades mantendría dos cómodos apartamentos en Los Ángeles y Nueva York, y saludaría convenientemente con los jefes de Estado, con ministros y gente del entretenimiento de su nuevo país. Después de muchos años regresaría a Panamá, momentáneamente, para ser el Ministro del Turismo en el gobierno del hijo de Omar Torrijos.

Todas estas contradicciones, de un ser humano que, como todos, tiene todo el derecho a cometerlas, sucumben ante una realidad clara como la mañana del Caribe: no hay nadie, ahora o antes, que pueda cantar montuno con la profundidad y convicción que él lo hace. No hay compositor –con la sola excepción de Catalino “Tite” Curet Alonso– que haya sido capaz de escribir canciones tan significativas en un género musical vasto como es el de la música afro-cubana. Y no hay nadie que pueda combinar las dos cosas –ser compositor y ser cantante– de la manera tan diáfana como él lo hace, dentro de la Salsa de todos los tiempos.

La personalidad de este hombre que nunca tuvo hijos y que nunca pudo manejar un vehiculo irá más allá de su propio tiempo. Su paso por la vida musical de América Latina ha sido enorme. Los historiadores del futuro lo tendrán como uno de los exponentes más serios de la música latinoamericana, en un tiempo de transición de nuestros países entre la dominación y la independencia; lo catalogarán como un gran desmitificador de la música: fue posible, en su tiempo, bailar y al mismo tiempo pensar.

He recibido varios mensajes, en mi sitio web, que solicitan que, a propósito de un concierto de Blades que se desarrollará en Quito la próxima semana, dedique un programa al artista. La idea de colocar temas como “Pedro Navaja” o “Plástico” o “Ligia Elena” –sus más conocidos éxitos– no se me hacía demasiado atractiva; es por eso que he escogido para hoy temas más bien menos conocidos, más oscuros, y que también son fieles con lo que Rubén Blades hace mejor en esta vida: cantar Salsa. Esta es la lista de temas que he escogido:

Rubén Blades y Seis de Solar, Ella se esconde
Rubén Blades, Aguacero
Rubén Blades, Tu y yo
Ruben Blades / Paul Simon, El malecón
Willie Colón & Rubén Blades, El velorio
Fania All Stars (RB, vocal), Prepara
Rubén Blades, Chana
Rubén Blades, Para ser rumbero
Rubén Blades, Ganas
Rubén Blades, Sin querer queriendo
Cheo Feliciano (composición RB), Inodoro Pérez
Rubén Blades, El tartamudo
Rubén Blades y Son de Solar, El cilindro
Willie Colón & Rubén Blades, Yo puedo vivir del amor
Willie Colón canta RB, El cazanguero
Willie Colón canta RB, Juana Peña
Rubén Blades y Son de Solar, Plaza Herrera
Rubén Blades y Seis de Solar, No te duermas

Este capítulo de TAN LEJOS TAN CERCA se emite este Miércoles 28 de Noviembre, de 9 a 11 am (14 a 16 GMT) por la Radio Pública de Quito. Se puede escuchar el programa, en vivo, vía Live Streaming AQUÍ. Y AQUÍ se puede escuchar el programa en diferido, y todos los programas anteriores. Imagen: Rubén Blades en el papel de Rudy Veloz, en el film “Crossover Dreams” de León Ichaso (1985).

Escuche aquí: El señor Bleids

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