Capítulo 38: Recuerdos de bandas populares

Conceptualizado junto a María Dolores Ruiz
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Parroquia La Merced, sábado 6pm. Las fiestas patronales de La Merced, al suroriente de Quito, en el valle de Los Chillos, arrancan cuando el sol de verano se despide y empiezan a llegar los enfiestados de Sanjaloma; bajan también otros desde Angamarca y El Tingo para escuchar a la banda de marcha del Colegio Nacional. Las músicas son marciales y al poco tiempo se alivianan con ritmos vernáculos que animan a las cientos de personas que ya se han congregado en el parque central, al pie de la iglesia. Alrededor, puestos de comidas típicas. Allá, un corpulento hombre barbado mira los acontecimientos a la distancia. Al medio, danzantes disfrazados de Aya Humas, acarreando siempre una botella de aguardiente que empieza a consumirse cual agua de manantial. Caída la noche, y luego de los juegos pirotécnicos, llega la banda popular. Entona pasacalles que hacen fusión con cumbias. La fiesta se prende, el baile no para hasta entrada la madrugada. La botella llegó hasta la banda que, borracha, desentona hasta colapsar.

Barrio de La Pradera, martes 10pm. Es el 5 de diciembre, vísperas de las fiestas de Quito. Son los últimos años de la década de los ochenta, y en este barrio –todavía de casas unifamiliares de clase media– se ha instalado una tarima. El discomóvil anima a los vecinos a unirse a la fiesta. Gente de todas las edades, desde los abuelos hasta los nietos, concurre curiosa ante el ensordecedor sonido de salsas eróticas y anuncios destemplados del maestro de ceremonia. Pronto llega la banda popular. Un conjunto de 10 músicos, con bronces, timbaletas y guiros, arranca con ritmos tropicales que suenan curiosamente andinos. Cuando se desata la cumbia, ya nadie puede dejar de bailar. El canelazo arropa a los vecinos del frío y la banda extiende su tocar hasta bien entrado el 6 de diciembre.

Santa Ana, domingo 8 am. Amanece quieta la pequeña población afro-ecuatoriana, cercana al Río Mira. Allí viven antiguos esclavos de los trapiches, hoy libertos pero hambrientos. En el pueblo, constituido por 30 casas alrededor de una cancha de tierra, no hay agua potable y las mujeres llegan, a esa hora, del río trasladando enormes contenedores del elemento. Al mismo tiempo llegan los hombres del trapiche. Ha terminado su turno en la hacienda y vienen cargando varios contenedores de aguardiente, obtenidos como parte de pago de su jornal. De las casas sacan guitarras, cajones de plástico, maracas. Las mujeres se cambian sus ropas de trabajo por las de domingo. Un grupo de 15 personas se toma la cancha que hace centro en la aldea y empiezan a tocar bombas tradicionales del pueblo. “Solo y triste”, “Regalarte mis noches”, “Adela”… Aparece, en vehículo, desde El Jucal, Mario Polo, el maestro compositor de la bomba choteña. La mañana de domingo se prende. La banda popular arrecia. Mujeres bailan con el aguardiente en sus cabezas. África está en los Andes.

Zuleta, viernes 11 am. Por el camino empedrado, flanqueado por eucaliptos que tienen 100 años, vienen los comuneros del pueblo. A la plazoleta central –planificada en el siglo XVII– de la hacienda de propiedad de los herederos del Patrón Galo Plaza, llegan cientos de ellos. Vienen, una vez por año, a la “toma” de la hacienda, por la fiesta de San Juan. Llegan zapateando y la músicas de diestros instrumentistas irrumpe en la quietud de la casona de la hacienda, hoy convertida en un lujoso hotel. Durante toda la tarde y mucho de la noche, no habrá quien pueda parar la fiesta popular. Una y varias bandas populares, maestras todas en las artes de la música de los Andes pondrán a bailar, en rondas, a comuneros y patrones por igual. Blusas bordadas con motivos floridos se confunden con las ropas de marca de Miami; doce gallos colgados en enormes alazanes conviven con los fieles dogos de la hacienda; las guitarras y flautas de palo, tocadas por los indígenas del sector, son fascinación de las potentes cámaras de fotografía de los huéspedes del hotel. Todo sea por la fiesta.

Las bandas populares, casi todas forjadas por incipientes músicos aficionados de todas partes del país, acompañan todo momento de la vida ecuatoriana. Allí donde hay una fiesta popular, habrá una banda popular. Lo mismo ocurre en cuantos otros lugares de todo el mundo. La banda popular es, acaso, la esencia más participativa de la música.

En este capítulo, voy a presentar una lista de música de pequeños y grandes interpretes y compositores, todos influenciados por ese vastísimo concepto de la “banda popular”.

  • No he visto mujeres como Rosa Herminia – Banda Mocha de San Miguel de Chalguyacu
  • Rosita Aurora – Julian Tucimbi y Los Tucumbis
  • Patacore – Río Mira
  • Al lado mío – Papaya Dada con Gustavo Velázquez
  • Huayara – Pichirilo Radioactivo
  • La Petit cantante – La Banda Municipal de Santiago de Cuba
  • Siboney – La Banda Municipal de Santiago de Cuba
  • Ederlezi – Goran Bregovic
  • The Belly Button of the World – Goran Bregovic & Trans-Siberian March Band
  • Colombina – La Murga Falta y Resto
  • Yo tomo – Bersuit Vergarabat
  • La danza de Don Lucho – Chicha Libre
  • Vagabundo – Banda Conmoción
  • El gran pecador – Chico Trujillo
  • Saona – Noro Molrales / Gilles Peterson
  • Luz Delia – Grupo Folklorico y Experimental Nuevayorkino

Este capítulo de TAN LEJOS TAN CERCA se emitirá el lunes 11 de septiembre de 2017, desde las 18:30 hasta las 19:50 (GMT-5). Aquí se puede escuchar el programa en vivo desde este sitio web. Aquí se puede escuchar el programa en cualquier momento después de su emisión viva, y todos los programas anteriores. Foto: Juan Lorenzo Barragán. Tomada del libro “111 íconos populares”.