Capítulo 1319: Uruguay Nomás…

Figari

En el Ecuador, y me temo que en gran parte del mundo, poco sabemos del Uruguay, excepto por el lugar común de la famosa “garra charrúa” que los grandes futbolistas uruguayos aplican en el fragor de un match. El país más pequeño de América del Sur ha guardado para sí sus secretos, su historia, sus grandes y pequeñas luchas, sus barrios, su riqueza y su pobreza. Uruguayos, cabalgando en la faz de la murga, signo dominante en su música y su cultura, arrabaleando la vida, a veces a la sombra de su vecino del sur, están, a veces, dando unas lecciones muy extrañas de linaje, protesta y talento al mundo.

No he sido, en mi vida, un buen viajero. Aunque lo he hecho mucho, normalmente encuentro dificultoso encontrarme en las calles ajenas, no saber en donde comer o donde queda tal cosa o la otra, y desde la infancia me he sentido incomodo en el rol de turista. Hace cinco años, sin embargo, escribí esto: “Nunca visité la República Oriental del Uruguay. Espero todavía estar a tiempo. Esta mañana Emilio me preguntaba qué lugar del mundo que no conozco me gustaría conocer. Enemigo como soy de toda clase de turismo, respondí con cierto candor “Montevideo”, por las puras ganas de fantasear sobre ir al Centenario a ver jugar a la celeste, concurrir a la esquina de las calles Durazno y Convención, ver tocar los tambores de las murgas… es decir el cretinismo turístico-cultural del que tanto hablo mal”.

El tiempo llegó y hace unos días estuve allí. Caminé, pues, por esas calles, hablé con esa gente, fui al gran coso de 1930, imponente, que murmura sus hazañas desde cada butaca. Al contrario de lo que me ocurre en otros lugares, me encontré a mi mismo allí, hice mías sus calles y el tambor de la murga mío también. Por eso le dedico el programa que hago hoy a la música uruguaya de las más diferentes especies.

Como ha pasado en Cuba y Brasil, y otros lugares, mucha de la riqueza de la música uruguaya se ha producido por su presencia africana. Durante los años finales del siglo XVII, a Uruguay llegaron no menos de veinte nacionalidades africanas; para 1830, ya se hablaba de una música “afro-uruguaya” que era el resultado de una negociación cultural entre africanos y europeos. En candombe, interpretado y danzado por africanos esclavos y libres en Montevideo, fue el precursor y uno de los ingredientes del tango uruguayo y argentino. Desde mediados de 1800 hasta ahora, el candombe ha sido una de las piezas centrales del Carnaval anual de Montevideo, el más largo del mundo. Músicas de carnaval, que son festivas, pero también de enorme reflexión, comentario social y político. Músicas que toman la temperatura de la situación, que hablan siempre, no del “yo”, sino del “nosotros”.

Pequeño país de tres millones de habitantes, el más pequeño de todos los que se ubican en la América del Sur, ya sabemos que Uruguay posee toda esa enorme biblioteca de escritores –Benedetti, Galeano, Rodó, Onetti, Horacio Quiroga, Cristina Peri Rossi, Circe Maia–, toda esa enorme cultura del carnaval, de la que hemos estado hablando hoy, de los tambores, de la presencia africana allí en el lugar menos previsto… y claro, amante de las cosas más importantes que existen, como el fútbol, tantos y tantos jugadores de fútbol, poetas del balón como no los hubo nunca en ningún otro lugar: digo los que me acuerdo: Venancio Ramos, Carlos Aguilera, Waldemar Victorino, Enzo Francescoli, como jugaba “El príncipe”; los héroes del 28, el “Negro Jefe” Obdulio Varela, Alcides Ghiggia, Ladislao Mazurkiewicz, ese guardameta que todo lo tapaba en los años setenta, y los poderosos jugadores de esta generación: Suarez, Forlán, Cavani, Abreu, el indomable Diego Lugano…; los que vinieron a tierras ecuatoriales: gente inolvidable: unos se quedaron, otros se fueron: Pototo de los Santos, Tano Bertocchi, Juan Carlos de Lima, Carlos Ernesto Berrueta, el Negro Marín, Carlos Ríos, que formó una hermosa familia en Quito…tantos genios del balón y de la vida que uno puede seguir y el papel se acaba.

Y la música… sobre todo la música. En este programa escucharemos murgas –la Falta y Resto, la Agarrate Catalina; gran innovación –Drexler, Leo Masliah, Jaime Roos– y un segmento especial sobre el inclasificable Eduardo Mateo, mitad mito y mitad hombre, mitad genio, mitad lumpen, que transitaba las calles menos iluminadas de Montevideo armado con un puñado de versos y una guitarra al hombro. La veneración de los músicos locales por su obra y la indiferencia de siempre de los críticos también forman parte ya de la leyenda.

Esta es la música de hoy:

Parte I

  • Baile de mascaras – Jorge Lazaroff
  • La despedida del Gran Tuleque – Murga Falta y Resto
  • Colombina – Murga Falta y Resto
  • Los futuros murguistas – Jaime Roos
  • Violencia – Agarrate Catalina
  • Ni un día más – Rubén Rada
  • El murguero oriental – Tabaré Cardozo
  • Don Alberto Pedro Spencer – Canario Luna

Parte II

  • El viento en la cara – Fernando Cabrera.
  • El candombe de Ana – Eduardo Mateo
  • Niña – Eduardo Mateo
  • Cuerpo y alma – Pedro Aznar
  • Esa tristeza – Hugo Fattoruso
  • Principe azul – León Gieco
  • Nombre de bienes – Esquina Constitución

Parte III

  • Las agujas de un reloj – Daniel Viglietti
  • No te recuerdo ya – Leo Masliah
  • Durante – Jorge Drexler
  • Todo un país detrás – Jaime Roos
  • Lo que no te dí – Jaime Roos
  • Vida numero dos – Jaime Roos

Gracias como siempre a Analía, Emilio y Matilde, compañía ideal en Montevideo, a Karina Marín por las coordenadas de la Murga, a Leo Salas, patrocinador principal de este programa, mecenas donde los hay, Leonor Zambrano por la voz y a Rem Arc Licence por los efectos de sonido.

Este programa se produjo en Quito, Ecuador, el 12 y 13 de mayo de 2019.

Imagen: “Candombe” de Pedro Figari, 1932